El Valle de los Caídos: el destino de un icono fascista

(A propósito del artículo de Josep Ramoneda publicado en El País)

Por Floren Dimas

Tras la difusión del informe de la Comisión creada por el gobierno de Zapatero, con propuestas sobre el uso e interpretación del Valle de los Caídos, pensaba escribir una de las que algunos cachondos amigos han denominado “pastorales”, parándome en seco al llamarme mi amigo Juan Guillén para preguntarme: «¿Has leído en El País el artículo de Ramoneda sobre el Valle de los Caídos?». «Sabes que no leo El País», fue mi respuesta. «Pues léelo y me das tu opinión» –me aconsejó.

Una vez leído el artículo, mi opinión es que ya no merecía la pena esforzarme en escribir nada al respecto, porque Josep Ramoneda lo dice todo, tan claro y tan expeditivo, que no merecía la pena competir con este periodista y escritor, intentando mejorar su análisis  sobre dicho Informe, y sobre el gobierno que lo encargó.

Yo, que siempre he abogado por preservar intactos los símbolos arquitectónicos franquistas, aunque reorientando su significación como símbolos totalitarios, por disentir en algo, lo haría sobre la opción final que Ramoneda reserva para el Valle de los Caídos: dejarlo como está, como el símbolo franquista por excelencia.

Teniendo en cuenta la forma en que se ha llevado este tema desde la transición, vista la cobardía del gobierno y la del partido que lo sostiene, el PSOE, y considerando la actitud del PP, a las puertas ya de la Moncloa, así como la postura belicosamente pro-fascista del magma ideológico que lo  rodea, yo optaría por la demolición pura y simple del monumento, hasta convertirlo en gravilla de obra pública, -como se hizo en Alemania con los símbolos nazis-, y la reconversión del resto del complejo en un Memorial a las víctimas del franquismo, conservando la cripta con los restos de las víctimas de la contienda, para su respetuoso descanso o su traslado al lugar designado por sus familiares, cuando técnicamente sea posible.

Singularmente, los restos de Franco y José Antonio deberían abandonar el recinto, en la misma procesión que lo hicieran los monjes, que han servido de botafumeiro de la dictadura  desde el día de su inauguración.

Muchas gracias y, si puedes, disfruta merecidamente del “puente” del Día de la Constitución Juanfranquista.

Floren Dimas

Enlace al artículo de Ramoneda: http://politica.elpais.com/politica/2011/11/30/actualidad/1322679435_437752.html

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